jueves, 9 de diciembre de 2010

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           -¿Podemos transformar nuestra forma de percibir la realidad?
        -Sí,  siempre y cuando escojamos dejar a un lado nuestra visión egocéntrica y nos adentremos a descubrir y a comprender mejor a nuestros semejantes.
        Ver a los demás con los ojos del alma sólo puede conducirnos a un resultado: servirles a todos y a cada uno de ellos, incluyendo en el "ellos" a nosotros mismos.
         Esta mañana, rebuscando en mi cuenta de Hotmail, encontré un excelente video, que refleja muy bien la forma en la que podemos transformar nuestra percepción de la Vida y ayudar quienes nos acompañan en Ella. Con cariño, lo comparto con todos vosotros.
        Un fuerte abrazo.

Vanessa Aguilar
        

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Un encuentro con la pobreza

      




        La Vida existe únicamente para que experimentemos la energía que Amor (Dios) nos otorgó con el fin de que nos deleitáramos con su Creación, una vez nos hubiéramos reconocido como parte intrínseca e indivisible de Él. El mayor gozo que podemos experimentar en la Vida es experimentar a Amor conscientemente, a sabiendas de que las personas que aparecen y nos acompañan en un determinado tramo de nuestro camino, incluso durante todo el camino hacia nuestra adhesión a Dios (fin último de Su Creación), no son seres separados de nosotros sino expresiones que también forman parte de esa energía unitaria creadora de todas los formatos de Vida que puedan existir en éste y en otros Universos.
        Hay dos formas de contemplar y vivir  la Vida.
       La primera se alimenta de la conciencia y se fundamenta en torno a la premisa de que ningún ser humano vive separado de otro ser humano, ni de cualquier otra criatura que haya sido creada por Amor, indistintamente de que sus cualidades y características sean distintas a la nuestra. Comprender que somos un conjunto de expresiones, todas provenientes de la dadivosa energía de Amor, es contemplar y vivir la Vida a través del Alma, para recorrer la basta existencia con los ojos del corazón, tomando decisiones de espiritualmente elevadas y colectivas en base a la mirada infinita de Amor. Para quienes recorren el tramo de su vida empleando la herramienta del corazón, comprenden aspectos esenciales del Plan de Amor, entre ellos y el más importante de todos: la fraternidad. Es necesario comprender que, más allá de la limitada concepción que poseemos sobre el pequeño grupo que habitualmente denominamos “familia”, todos los seres humanos formamos parte de una gran familia divina. Por consiguiente, la distinción de sexos, razas, los intereses personales y económicos disgregan y no contemplan la dadivosidad que el Creador dispuso junto a nuestra Madre Tierra, con el objeto de cobijarnos colectivamente en el seno de las formas materiales. Sin duda, compartir y evolucionar individualmente y como raza son dos de los aspectos relevantes que recoge El Plan Divino, con el fin de que perfeccionemos nuestra Alma en la dimensión de la basta materia y, alcanzado nuestro propósito evolutivo, logremos regresar a Él, a la morada de todas las Almas.
        -¿Quién ha creado a los seres humanos? Amor.
       -¿Quién otorga y quita la Vida? Amor.
       -Pero, ¿quién creó la desigualdad y la pobreza? Los seres humanos.
       -¿Y por qué existe la pobreza? –pregunto.
       La pobreza es el resultado de nuestras elecciones inconscientes. La conciencia es la herramienta que dispone todo ser humano para comprender la razón de nuestra existencia como hijos de Amor, aquí y ahora. Por lo tanto, y como segunda vía, la inconsciencia es la vía opuesta, a través de la cual podemos caminar ciegamente por el sendero de la Vida. La inconsciencia podría definirse como la distorsión que nos aleja de nuestra razón existencialista y es el resultado de dirigir nuestra mirada no hacia el corazón sino al ombligo de nuestras falsos, ilusorios y temporales deseos y expectativas personales. La inconsciencia la promueve ese Ego creado en torno a la visión egocéntrica que asume el rol de que es el ser humano quien domina a la Vida y a todas las acciones que se realizan en ella; un dominio que, además, se extiende hacia la Madre Tierra y hacia otros seres humanos. Moviéndonos en semejantes parámetros, es la animalidad la que domina nuestros impulsos y nuestras acciones. Obviamente, como animales, empleamos como herramientas de Vida el dominio y la fuerza, creyéndonos superiores en torno a una serie de logros materiales que no espirituales. Y es en el no hacer espiritual donde se fundamenta y reside la ilusión que promueve nuestro separativismo colectivo.       
       Como seres animales inconscientes, consentimos la pobreza. Hay quienes consideran la falta de pan como una de las mayores injusticias de la Humanidad y actúan consecuentemente para erradicarla. No obstante, hay quienes la siguen considerando como un problema que ha de ser resuelto a través de diferentes organismos, gracias a la labor que realizan unos cuantos. No obstante, y en la medida que no somos coherentes y aceptamos que la pobreza existe gracias a la inconsciencia de nuestros actos, somos cómplices de su existencia. Pero la pobreza de millones de nuestros hermanos sólo es un reflejo de la pobreza de Amor y de Espíritu que vivimos quienes, lamentablemente, hemos “dominado” los recursos y/o seguimos considerando que los demás seres humanos son partes divididas de nuestra propia divinidad, de nosotros mismos, del Plan de Amor en la Tierra y en el Universo. Muy contrariamente, Todos somos Uno y ser Uno implica que si un hermano no evoluciona… mi evolución ni tendrá sentido, ni podrá producirse.
         Entonces, ¿qué camino elegimos? ¿La vía de la consciencia o la vía de la inconsciencia? Quizás, deberíamos sentarnos a reflexionar la opción que albergue más dosis de Amor.
         Como bien diría Vicente Ferrer: “Todos y  cada uno de nosotros tenemos que contribuir con nuestro esfuerzo a transformar esta sociedad en una verdadera Humanidad”.


Con Amor,
Vanessa Aguilar

lunes, 27 de septiembre de 2010

Vivimos para morir... Morimos para vivir




        Me encantaría poder compartir con vosotros este texto que ha escrito Javier Akerman, en su blog Budismo Tibetano. Muchas gracias, Javier.


        Ha fallecido una amiga, Ana Kiro, hace pocos días. Ha muerto también mi cuñado José Manuel, hace escasos dos meses y mi madre Carmen en las pasadas navidades. Es la muerte que está ahí, una presencia inevitable y sorpresiva, compañera implacable de la vida. ¿Debemos odiarla? ¿Maldecirla? No, pues vivimos para morir y de ella deberíamos aprender el verdadero sentido trascendente de la vida.
        He “vivido la muerte” en los ojos de muchos pacientes, familiares y amigos. Pude comprobar como al mismo tiempo que se apagaba su destello me hacían más humano, a pesar del dolor y el sufrimiento. Sí, cada muerte me hace comprender la grandeza de la Vida y la sagrada misión que subyace en ella. ¿Odiar? ¿Criticar? ¿Fama? ¿Dinero? ¡Que pérdida de tiempo! La muerte y el dolor son los grandes problemas que quiere resolver el budismo. Y en ambos casos, la solución que aporta es la supresión del deseo. Pero no del deseo normal que inevitablemente sentimos en nuestra existencia diaria, sino del deseo “aferrado”, el que nos hace sufrir y provoca dolor, el que cierra al Ser en lugar de abrirlo. Ese deseo es la cripta oscura donde reina la verdadera muerte. Renunciar al apego es liberación y sosiego. Ora, medita, entrega tu vida a un fin que te haga pasar de “ti a los demás”. Sí, disfruta, trabaja y vive, pero que tu ombligo no sea el centro del mundo. ¡Tenemos tanto que dar y tanto que renunciar!


Javier Akerman
Texto publicado el día 26 de septiembre de 2010
Blog Budismo Tibetano

domingo, 12 de septiembre de 2010

Para ti, mi pequeña princesa




 



        Hace aproximadamente dos semanas, conocí a un ángel: a una niña, a una preciosa princesa que, a la temprana edad de nueve años, ya posee la virtud de percibir una porción del mundo invisible.
        Tras nuestro no casual y breve encuentro, comprendí que las pequeñas princesas, como ella, todavía sueñan con hadas, con duendes, con calabazas que se transforman en carrozas y zapatitos de cristal; nada que ver con los seres etéreos que nos visitan, con las experiencias que aprendemos en torno a ellos. Nada que ver con esa constante sucesión de acontecimientos que la princesa es capaz de percibir y recibir de la Vida, para transformarla continuamente en un ser consciente, auténtico, real. Evidentemente -tras decantarme por colocar mis pies en sus frágiles zapatitos de cristal, por pensar y sentirme tal y como lo haría ella-,  soy capaz de atisbar el desconcierto  que le produce el hecho de poseer esta innata capacidad. 
        Esta noche, he decidido dedicar este texto a todas las personas que, como la princesa y como yo, también son capaces de percibir la auténtica  y real naturaleza de la existencia. Fundamentalmente, para todas aquéllas que –por miedo a ser juzgadas y vetadas por otras (normalmente por individuos que erradican la veracidad de estas experiencias tras emplear términos adheridos a su propia ignorancia)- optan por rechazarse así mismas, por no aceptarse tal y como han sido creadas por Dios (Amor).
        Desnuda y expuesta sin tapujos ante cada uno de vosotros, seguidores de este blog, sé que todo aquello que he vivido nunca ha sido fruto del azar. Actualmente, también sé que todas y cada una de mis experiencias han sido trazadas por la Vida, con el único propósito de que yo forjara y purificara mi personalidad. Una personalidad con la cual poder transitar y seguir el camino que Dios (y no yo) ha trazado para mí, y que necesariamente ha de girar la mirada hacia el propio corazón si el propósito es encontrarle a Él.
        Inicialmente, cuando comencé a percibir seres etéreos, a avistar la energía que brotaba de cualquier ser animado e inanimado, a escuchar sintonías y voces en mi cabeza -todas ellas pertenecientes a los pensamientos de sufrimiento de otros seres humanos- consideré que la Vida era un juego cruel e injusto y yo una enferma mental. 
        No obstante, cuando comencé a acompañar a determinados seres humanos a morir. Cuando estas mismas personas y otras que desconocía me visitaban tras su mutación (de cuerpo a alma). Cuando, transformados en seres etéreos y lumínicos, me facilitaban mensajes y atisbaba su amor incondicional hacia mí y/o hacia cualquier persona vinculada a ellos, comprendí lo afortunada que era por haber nacido para desempeñar estas tareas. 
        Sólo venimos a servirle a Amor. Todos tenemos un propósito y una misión. Las personas como la princesa, que poseemos la virtud de la videncia, hemos sido llamadas -entre otras tareas- para corroborar, para difundir que el formato de la Vida que sensorialmente conocemos y vivimos únicamente es una insignificante y milésima porción de la existencia generadora de Vida. 
        Pese a mi rechazo inicial, el camino que Dios ha trazado para mí es increíblemente más dichoso que cualquiera de los caminos que he vivenciado  por sucumbirme a mi imaginación (inundada de expectativas y deseos).

miércoles, 11 de agosto de 2010

Dime, ¿qué es el arte?





       -Dime, ¿qué es el arte?
     -¿Un cuadro?
     -¿Un espectáculo?
     -¿Una imagen?
     -¿Un desnudo?
     -¿Un verso?
     -¿Una mirada?
     -¿Un prejuicio?
     -¿Un valor?
     -¿Una limitación?
     -¿Una subasta?
     -¿La mitificación del artista que murió?
     -¿La belleza física?
     -¿La moda?


     -Dime, ¿qué es el arte?
     -¿La melodía que emociona?
     -¿Una filosofía?
     -¿La Creación?
     -¿Lo nunca visto?
     -¿Un despojo del deber?
     -¿La no rutina?
     -¿Un molde?
     -¿Ver en los demás aquello que no somos capaces de ver en nosotros mismos?


     -Dime, ¿es arte una flor?
     -¿Es arte una sonrisa?
     -¿Es arte una idea distinta a la nuestra?
     -¿Es arte el amor?
     -¿Es arte la ciencia?
     -¿Es arte aquello que no consideramos arte?
     -¿Es arte el ego que aflora tras la fama de un artista?
     -¿Somos nosotros mismos fruto del arte?
     -¿Es arte un olor?
     -¿Es arte el dolor?
     -¿Una mirada triste en la estatua que inmortaliza a una figura humana?
     -¿Lo es la raza del perro que mata?
     -¿Un mensaje?
     -¿Un idioma?


     -¿Qué es el arte? -me cuestiono entre irónicas sonrisas.
     -¿Quizás todas las cosas que un día me mostraron mis progenitores?
     -¿Quizás aquellas que he descubierto por mí misma?
     -¿O quizás todas ellas?
     Y la respuesta es sencilla: todo es arte.


     -¿Soy esclava del arte?
     -Siempre y cuando el concepto que yo posea de él no acepte otras formas de arte. Siempre y cuando me defina excluyendo otras definiciones que, por sí mismas, también lo son.


     Panaderos, negros, ricos, budistas, mendigos, artistas, blancos, vanidosos, ancianos, enfermos, barrenderos, elitistas, conocidos, desconocidos, abogados, transeúntes.
     Todos somos arte, sin distinción.


Vanessa Aguilar

Carta de un recién nacido




A tu hora intempestiva de reloj de mano, he nacido yo.
En mi sonrosada piel, no se vislumbra etiqueta alguna.
Mi desnudo cuerpo no tiene puesta la etiqueta de los precios, tampoco lleva a rastras ni juicios, ni experiencias,  ni cicatrices.
Soy un ser libre ajeno a ideales, ajeno a convicciones.
En esta madrugada, la no etiqueta de tus juicios me confiere ante tus ojos con total aceptación.
Hoy, puedo dormir junto con otros seres, que, al igual que yo, gimotean o sonríen desde sus capazos y cunas completamente desnudos.
Incluso puedo soñar y comunicarte con babas aquellos sueños que, por primera vez, penetran en mí.
Hoy, seguramente te rías al escucharme y me proporciones tiernos besos y arrumacos.
No obstante, dentro de unos años, cuando me confieras como adulto, con este mismo sueño, seguramente me taches de idealista y ladees tu cabeza, como muestra de desaprobación y descontento.
Aún así, lo más importante, de hoy en adelante, es aquello que primero yo piense de mí mismo.
Si las etiquetas surgen y el juicio y el prejuicio llegan a gobernar mi vida, habrá nacido el Ego.
Si esto ocurre, habré cambiado la libertad del ser por la esclavitud de un rol.
Si esto ocurre, llegaré incluso a olvidar que únicamente nací para experimentar.
Si esto ocurre, olvidaré que lo más importante en esta Vida es obrar con y desde el corazón.
Soy un ser libre y todo aquello que me rodea vive en total libertad.
Yo no soy ninguna etiqueta, por muchas que existan, por muchas que me confieran.
Yo tan sólo soy, y soy las una y mil caras que adopta el amor.


Vanessa Aguilar