jueves, 17 de febrero de 2011

Antes y después de la Vida. ECM (Experiencia Cercana a la Muerte)





En el año 1985 tuve una experiencia próxima a la muerte, comúnmente denominadas ECM. 
El texto que adjunto a continuación fue escrito por Jiménez del Oso y describe perfectamente las experiencias y sensaciones que hemos experimentado las personas que hemos vivenciado una ECM.
De hecho, y junto a la experiencia de duelo (por la muerte de un ser querido) es una de las causas primordiales por las que una persona despierta a la Consciencia y al Mundo Invisible de la Vida (sensibilidad extra-sensorial).
Con todo mi cariño,
Vanessa



Texto de: Jiménez del Oso
 
Durante las últimas décadas, un fenómeno se ha convertido en el centro de las discusión acerca de la supervivencia después de la muerte. Las experiencias cercanas a la muerte o ECM parecen proveer evidencia de la supervivencia en conjunto con las comunicaciones mediúmnicas y otros fenómenos relacionados, como es el caso de las apariciones de personas fallecidas.
El interés en este tema por el público en general y la comunidad científica, así como por parte de la religión, comenzó con la publicación del libro Life after Life (Vida después de la Vida) de Raymod Moody, un psiquiatra nortamericano, en 1975, quien se vio impulsado a estudiar estas experiencias luego de escuchar la vivencia del Dr. George Ritchie durante la guerra, a quien dedicó su libro. A partir de esto, cada vez más investigadores serios han buscado explicaciones al fenómeno, publicándose variados estudios en revistas especializadas.
Hasta incluso los niños, que no están todavía condicionados por ninguna idea concreta, y han sufrido una ECM, relatan los mismos hechos.
A lo largo de una experiencia cercana a la muerte se producen varias fases. La inmensa mayoría de los que han pasado por este trance describen de manera similar algunos de los pasos siguientes:
1.
Flotan sobre su cuerpo físico, observando todo el acontecimiento y perciben que poseen otro cuerpo. Suelen presenciar su cuerpo inerte en la cama o quirófano. Escuchan y ven cómo se les declara fallecidos.
2.
Se van elevando y atraviesan por un oscuro túnel. A veces es un movimiento por una escalera o un vacío oscuro, el cual se traviesa con relativa rapidez y muchas veces con la sensación de estar flotando.
3.
Aparece una figura hacia el final del túnel; es hermosa, blanca o transparente, tiene una cualidad intensamente amorosa. Algunas veces hay paisajes, voces o música.
4.
El testigo se torna espectador, no siente dolor ni molestias, así que se siente distante de su cuerpo físico. Experimentan una sensación de paz interior.
5.
Parece ser que los padres, y amigos difuntos son quienes vienen a su encuentro. Se encuentran con familiares o amigos anteriormente fallecidos, experimentando inmensa alegría. Todos hablan de las tareas que desarrollan en el mundo espiritual, de la necesidad de continuar estudiando, evolucionando, trabajando, y de que los lazos familiares no se rompen, más bien al contrario, se fortalecen
6.
Puede ser una presencia o una voz que se identifica según las creencias religiosas de cada uno: Jesús, un ángel, Buda. En este momento se establece un diálogo sin palabras con este ser que parece conocer todo del moribundo. Ese ser divino les muestra los errores y aciertos de la existencia corporal.
7.
Se presenta una revisión global pero integral de lo vivido. Asiste a la película de su existencia como espectador.
8.
Finalmente, el sujeto, se ve delante de un obstáculo, un muro, una pared o una puerta, y toma conciencia brusca de que su hora todavía no ha llegado. Aunque suelen encontrarse con una paz y tranquilidad indescriptibles, comienzan a sentir que deben volver. Así también se lo indican sus acompañantes, recordándoles que todavía tienen asuntos pendientes por resolver en la vida y que deben regresar para cumplir con su tarea. La vuelta es normalmente desagradable. Los testigos pueden volver a la tierra por decisión propia o por ayuda de terceros y cuando regresan, muchos de ellos se sienten ligados a una misión urgente que deben realizar en la tierra. Otros experimentan efectos secundarios que cambian su perspectiva de la vida.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad y Próspero Año 2011




      
        Hace cinco años me habría resultado increíble creer que, a fecha de hoy, todavía seguiría físicamente viva.
       Gracias a todos estos años, he comprendido que la Vida únicamente se compone de pequeños grandes momentos, que no son nada si no son vividos desde el Amor hacia la existencia, hacia nuestros hermanos y hacia nosotros mismos. 
        Nada de lo que vivimos es fruto de la casualidad , aunque parezca cosa de locos: ninguna de nuestras experiencias, por tristes y dolorosas que sean, son   obra del azar.
        La Vida es un milagro, amigos míos. Nuestra vida es un milagro. Cada día de nuestra vida es un milagro. Y de nosotros depende sacar partido y aprender de ella, independientemente de cuáles sean nuestras circunstancias personales. El mejor regalo que le puedes dar a la Vida es VIVIR, simplemente VIVIR.
       Hoy, he decidido compartir con todos vosotros mi canción favorita: Alegría (Cirque du Soleil). Durante los dos años y medio que permanecí prácticamente postrada en una cama, fue un grito al cielo  y un himno de esperanza para mi marido y para mí. 
       De todo corazón, se la dedico a todas las personas que sufren en silencio. A enfermos y a moribundos. A los pobres de pan y a los pobres de espíritu. A todos aquellos que creen vivir separados de la Vida, como gotas divididas del resto de seres humanos y de Amor (Dios).
       Con especial cariño, a todos los niños que esta noche de Navidad no van a tener unos padres a quienes abrazar, un plato caliente que saborear, una cama donde dormir y un regalo que destapar. 
       Feliz Navidad y Próspero Año 2011.
       Con Amor, 
Vanessa Aguilar




jueves, 9 de diciembre de 2010

Recibe Servicio



           -¿Podemos transformar nuestra forma de percibir la realidad?
        -Sí,  siempre y cuando escojamos dejar a un lado nuestra visión egocéntrica y nos adentremos a descubrir y a comprender mejor a nuestros semejantes.
        Ver a los demás con los ojos del alma sólo puede conducirnos a un resultado: servirles a todos y a cada uno de ellos, incluyendo en el "ellos" a nosotros mismos.
         Esta mañana, rebuscando en mi cuenta de Hotmail, encontré un excelente video, que refleja muy bien la forma en la que podemos transformar nuestra percepción de la Vida y ayudar quienes nos acompañan en Ella. Con cariño, lo comparto con todos vosotros.
        Un fuerte abrazo.

Vanessa Aguilar
        

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Un encuentro con la pobreza

      




        La Vida existe únicamente para que experimentemos la energía que Amor (Dios) nos otorgó con el fin de que nos deleitáramos con su Creación, una vez nos hubiéramos reconocido como parte intrínseca e indivisible de Él. El mayor gozo que podemos experimentar en la Vida es experimentar a Amor conscientemente, a sabiendas de que las personas que aparecen y nos acompañan en un determinado tramo de nuestro camino, incluso durante todo el camino hacia nuestra adhesión a Dios (fin último de Su Creación), no son seres separados de nosotros sino expresiones que también forman parte de esa energía unitaria creadora de todas los formatos de Vida que puedan existir en éste y en otros Universos.
        Hay dos formas de contemplar y vivir  la Vida.
       La primera se alimenta de la conciencia y se fundamenta en torno a la premisa de que ningún ser humano vive separado de otro ser humano, ni de cualquier otra criatura que haya sido creada por Amor, indistintamente de que sus cualidades y características sean distintas a la nuestra. Comprender que somos un conjunto de expresiones, todas provenientes de la dadivosa energía de Amor, es contemplar y vivir la Vida a través del Alma, para recorrer la basta existencia con los ojos del corazón, tomando decisiones de espiritualmente elevadas y colectivas en base a la mirada infinita de Amor. Para quienes recorren el tramo de su vida empleando la herramienta del corazón, comprenden aspectos esenciales del Plan de Amor, entre ellos y el más importante de todos: la fraternidad. Es necesario comprender que, más allá de la limitada concepción que poseemos sobre el pequeño grupo que habitualmente denominamos “familia”, todos los seres humanos formamos parte de una gran familia divina. Por consiguiente, la distinción de sexos, razas, los intereses personales y económicos disgregan y no contemplan la dadivosidad que el Creador dispuso junto a nuestra Madre Tierra, con el objeto de cobijarnos colectivamente en el seno de las formas materiales. Sin duda, compartir y evolucionar individualmente y como raza son dos de los aspectos relevantes que recoge El Plan Divino, con el fin de que perfeccionemos nuestra Alma en la dimensión de la basta materia y, alcanzado nuestro propósito evolutivo, logremos regresar a Él, a la morada de todas las Almas.
        -¿Quién ha creado a los seres humanos? Amor.
       -¿Quién otorga y quita la Vida? Amor.
       -Pero, ¿quién creó la desigualdad y la pobreza? Los seres humanos.
       -¿Y por qué existe la pobreza? –pregunto.
       La pobreza es el resultado de nuestras elecciones inconscientes. La conciencia es la herramienta que dispone todo ser humano para comprender la razón de nuestra existencia como hijos de Amor, aquí y ahora. Por lo tanto, y como segunda vía, la inconsciencia es la vía opuesta, a través de la cual podemos caminar ciegamente por el sendero de la Vida. La inconsciencia podría definirse como la distorsión que nos aleja de nuestra razón existencialista y es el resultado de dirigir nuestra mirada no hacia el corazón sino al ombligo de nuestras falsos, ilusorios y temporales deseos y expectativas personales. La inconsciencia la promueve ese Ego creado en torno a la visión egocéntrica que asume el rol de que es el ser humano quien domina a la Vida y a todas las acciones que se realizan en ella; un dominio que, además, se extiende hacia la Madre Tierra y hacia otros seres humanos. Moviéndonos en semejantes parámetros, es la animalidad la que domina nuestros impulsos y nuestras acciones. Obviamente, como animales, empleamos como herramientas de Vida el dominio y la fuerza, creyéndonos superiores en torno a una serie de logros materiales que no espirituales. Y es en el no hacer espiritual donde se fundamenta y reside la ilusión que promueve nuestro separativismo colectivo.       
       Como seres animales inconscientes, consentimos la pobreza. Hay quienes consideran la falta de pan como una de las mayores injusticias de la Humanidad y actúan consecuentemente para erradicarla. No obstante, hay quienes la siguen considerando como un problema que ha de ser resuelto a través de diferentes organismos, gracias a la labor que realizan unos cuantos. No obstante, y en la medida que no somos coherentes y aceptamos que la pobreza existe gracias a la inconsciencia de nuestros actos, somos cómplices de su existencia. Pero la pobreza de millones de nuestros hermanos sólo es un reflejo de la pobreza de Amor y de Espíritu que vivimos quienes, lamentablemente, hemos “dominado” los recursos y/o seguimos considerando que los demás seres humanos son partes divididas de nuestra propia divinidad, de nosotros mismos, del Plan de Amor en la Tierra y en el Universo. Muy contrariamente, Todos somos Uno y ser Uno implica que si un hermano no evoluciona… mi evolución ni tendrá sentido, ni podrá producirse.
         Entonces, ¿qué camino elegimos? ¿La vía de la consciencia o la vía de la inconsciencia? Quizás, deberíamos sentarnos a reflexionar la opción que albergue más dosis de Amor.
         Como bien diría Vicente Ferrer: “Todos y  cada uno de nosotros tenemos que contribuir con nuestro esfuerzo a transformar esta sociedad en una verdadera Humanidad”.


Con Amor,
Vanessa Aguilar

lunes, 27 de septiembre de 2010

Vivimos para morir... Morimos para vivir




        Me encantaría poder compartir con vosotros este texto que ha escrito Javier Akerman, en su blog Budismo Tibetano. Muchas gracias, Javier.


        Ha fallecido una amiga, Ana Kiro, hace pocos días. Ha muerto también mi cuñado José Manuel, hace escasos dos meses y mi madre Carmen en las pasadas navidades. Es la muerte que está ahí, una presencia inevitable y sorpresiva, compañera implacable de la vida. ¿Debemos odiarla? ¿Maldecirla? No, pues vivimos para morir y de ella deberíamos aprender el verdadero sentido trascendente de la vida.
        He “vivido la muerte” en los ojos de muchos pacientes, familiares y amigos. Pude comprobar como al mismo tiempo que se apagaba su destello me hacían más humano, a pesar del dolor y el sufrimiento. Sí, cada muerte me hace comprender la grandeza de la Vida y la sagrada misión que subyace en ella. ¿Odiar? ¿Criticar? ¿Fama? ¿Dinero? ¡Que pérdida de tiempo! La muerte y el dolor son los grandes problemas que quiere resolver el budismo. Y en ambos casos, la solución que aporta es la supresión del deseo. Pero no del deseo normal que inevitablemente sentimos en nuestra existencia diaria, sino del deseo “aferrado”, el que nos hace sufrir y provoca dolor, el que cierra al Ser en lugar de abrirlo. Ese deseo es la cripta oscura donde reina la verdadera muerte. Renunciar al apego es liberación y sosiego. Ora, medita, entrega tu vida a un fin que te haga pasar de “ti a los demás”. Sí, disfruta, trabaja y vive, pero que tu ombligo no sea el centro del mundo. ¡Tenemos tanto que dar y tanto que renunciar!


Javier Akerman
Texto publicado el día 26 de septiembre de 2010
Blog Budismo Tibetano